Existen ritmos y tiempos de aprendizaje particulares que,
si no se respetan, pueden ocasionar frustraciones y experiencias negativas en
relación con los propios procesos de aprendizaje. Por ello, es importante
respetar los tiempos y ritmos de aprendizaje de los niños y jóvenes en
particular, que difieren de los tiempos de adultos, para ajustar las exigencias
en relación con ello y motivar a los aprendices a alcanzar logros posibles y
avanzar en especial, respecto a sí mismo. Cada actividad y experiencia de
aprendizaje debe estar diseñada teniendo en cuenta los diferentes ritmos de
aprendizaje de los estudiantes para permitir que todos avancen a su propio
ritmo y evitar las etiquetas (perezoso, lento, inútil, bruto, niño problema o
prodigio, etc.) que discriminan y ocasionan distorsiones en la autoestima y en
la forma de relacionarse consigo mismo y con los demás. Cada persona puede
aprender y avanzar y el papel del docente consiste en permitir que cada uno
descubra y desarrolle su potencial.
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